En la política contra las drogas, Colombia ratifica el enfoque de sostenibilidad, que es contrario al uso de Glifosato

Tras la intervención del presidente Petro en la Comisión de Estupefacientes de la ONU, se impulsa el apoyo mundial para continuar fortaleciendo estrategias innovadoras y alternativas a la contaminación de suelos y aguas con Glifosato.
Presidente Petro en la Comisión de Estupefacientes de la ONU 2026
Foto: @FotoPresidencia

 

Las políticas contra las drogas deben responder a los nuevos desafíos que permanentemente están creando las organizaciones criminales. Las estrategias tradicionales de la lucha contra las drogas se van quedando cada vez más cortas frente a las capacidades que han generado los estructuras del narcotráfico. 

Colombia, ha desarrollado innovaciones dentro de su Política Nacional contra las Drogas 2023-2033, la cual está siendo implementada, mediante estrategias de asfixia hacia las actividades ilícitas y de oxígeno hacia las actividades alternativas. 

Sin embargo, por el tipo de actividad que es el narcotráfico, que ha llegado a ser transnacional, es necesario impulsar el apoyo de los países del mundo para que se sintonicen los esfuerzos, lo que puede representar mayor efectividad de las políticas. 

Una de las políticas tradicionales más conocidas es la de fumigación con Glifosato, que se ha calificado como una estrategia sencilla, pues se trataría solo de ubicar los cultivos y rociarlos con el producto. 

Sin embargo, con el paso del tiempo se comenzó a cuestionar la efectividad de esta medida, así como a identificarse diversos efectos, que no se justifican por la búsqueda de la eliminación de la planta de coca, cuando se pueden utilizar métodos alternativos menos costosos. 

El cambio de estrategia ha requerido de socialización y sensibilización tanto al interior del país como en el exterior, por lo que la participación de Colombia en la Comisión de Estupefacientes de la ONU es fundamental, no solo desde el punto de vista de los territorios afectados, sino como protagonista de las soluciones integrales en el contexto actual del narcotráfico. 

 

Uso y desuso del Glifosato

Como todos los herbicidas, el glifosato se utiliza para eliminar algunas plantas y malezas no deseadas en la agricultura, jardinería y áreas verdes. Su uso es común en plantaciones de cultivos permanentes de ciclo largo, como el café y la caña de azúcar. 

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que las cantidades utilizadas en la agricultura comercial, suelen ser cuatro veces menos que las que se requieren para secar cultivos ilícitos, por lo que el debate refiere a las altas concentraciones y periodicidad de los tratamientos. 

Además, la efectividad del glifosato depende de la mezcla utilizada para facilitar que actúen profundamente en las plantas, por lo que se activa mediante otras sustancias tóxicas, que aumentan la peligrosidad del compuesto. 

Se considera como un herbicida apropiado para los cultivos de coca porque actúa cuando las plantas están creciendo, y por tanto, cuando ya son visibles, pero no están listas para la producción, de forma que se pueden erradicar antes que den rendimiento.


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El uso del herbicida glifosato para secar los cultivos de coca, no puede discriminar entre esta y otras plantas, por lo que, como lo explicó la investigadora Mariana López de la Universidad Nacional para Unimedios, también se afectan otros cultivos e individuos de las capas vegetales, como hongos y bacterias, que hacen parte de los nutrientes y elementos del suelo para el crecimiento de los organismos del reino vegetal. 

Esta sola razón (que se destruyan las plantas y se inhiban las condiciones para que puedan desarrollarse) debería ser una alerta sobre la inconveniencia de utilizar un determinado producto. 

Pero las prácticas y necesidades de la industria agrícola han hecho que los herbicidas sean de uso común, pues la tecnología ha permitido desarrollar fórmulas que atacan a las malezas y hierbas que afectan los cultivos, llegando a ser paradójicamente, mecanismos de protección para los alimentos y otros productos de la agricultura para el consumo humano. 

El glifosato, sin embargo, es un caso particular, pues es el producto que principalmente se ha utilizado en la tradicional lucha contra las drogas, y también por los cuestionamientos, mediante estudios científicos sobre sus efectos sobre la salud humana y el deterioro del medio ambiente. 

En la actualidad, cada vez más países restringen o prohíben su uso en la agricultura, como Vietnam (prohibición total) y varios países europeos como Francia, Italia, Dinamarca, Bélgica y Holanda, aunque la Unión Europea ha renovado la licencia de uso de ese producto dentro de su territorio, basándose en estudios de organismos de seguridad de alimentos y de sustancias químicas, dando la salvedad de que cada país pueda decidir en libertad si prohíbe o no su uso. 


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Canadá y Portugal han impuesto restricciones, así como Australia e India. En Estados Unidos se han presentado diversas controversias y las demandas mundialmente conocidas como la que ganó a Monsanto, el jardinero Dewayne Johnson en 2018.

Colombia prohibió la aspersión aérea sobre cultivos ilícitos desde 2015, pero sobrevive la posibilidad de aspersión manual con fumigadora o aspersoras portátiles y/o con motor (bombas dosificadoras de agroquímicos), y más recientemente, con drones. 

 

Efectos colaterales y efectividad limitada

Pese a la controversia, estudios como los de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, han calificado al glifosato como “posiblemente cancerígeno” (Grupo 2A, que antecede a los productos que son cancerígenos), lo que enciende las alarmas frente a este producto. 

La Agencia es una entidad especializada, adscrita a la Organización Mundial de la Salud (OMS), por lo que se considera una autoridad global en el tema. 

Por tanto, además de los efectos directos sobre el medio ambiente, el glifosato representa riesgos para la salud, comprometiendo incluso la vida, con enfermedades tan graves como los cáncer de páncreas, riñón, linfático e hígado. 

De otro lado, la proliferación de la producción de cocaína y la expansión del narcotráfico evidencian que el uso de este químico no generó los resultados previstos, en el control del principal insumo de la droga ilícita más utilizada en el mundo. 

Algunos estudios de la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNODC) indican que la aspersión aérea simplemente hace perder una cosecha de las plantas, pues se pueden volver a sembrar o se desplazan a otros sitios, utilizando estrategias para mimetizar los cultivos e impedir que sean fácilmente vistos por las autoridades, a diferencia de la sustitución voluntaria, en que los cultivadores desisten de seguir sembrando las plantas de coca y cambian a otros cultivos. 

Adicionalmente, los costos de la erradicación manual son menores, del mismo modo, que la productividad y rendimientos de los cultivos sustitutos generan ingresos y desarrollo para las regiones, que puede ser sostenible, dependiendo de las políticas que acompañen los procesos. 

 


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