Un mes del terremoto en Colombia: ¿cómo el turismo es una fuente de reactivación económica para los departamentos más afectados?

Gremios, Gobierno y fundaciones coinciden en algo tras el terremoto de magnitud 7,4: mantener las reservas hacia Quindío, Risaralda, Caldas, Valle del Cauca y Chocó es hoy la herramienta de reactivación más inmediata para miles de pequeños negocios
Un mes del terremoto en Colombia: ¿cómo el turismo es una fuente de reactivación económica para los departamentos más afectados?
Foto: Ministerio de Comercio, Industria y Turismo

“Continuar con los planes de viaje” es el llamado central que gremios turísticos, autoridades y habitantes de las zonas afectadas hacen al país. La invitación es a mantener las reservas y los viajes hacia el Eje Cafetero, siempre que los destinos estén habilitados, porque cada visitante contribuye a sostener los hoteles, restaurantes, comercios, operadores y demás actividades que dependen del turismo en estos departamentos.

Salento, Filandia, Montenegro y Quimbaya (unos los municipios más golpeados por el sismo del 10 de agosto) dependen casi por completo del turismo.

La oportunidad tiene una base medible. En un periodo de apenas once días de temporada alta previa a la emergencia, cinco municipios del Quindío como Salento, Filandia, Buenavista, Córdoba y Pijao, generaron unos ingresos económicos estimados en 109.887 millones de pesos, y en el primer semestre de 2026 el departamento recibió 16.621 viajeros extranjeros. 

Un viaje, una cadena de oficios 

La agencia Borondo Travel, que gestiona viajes hacia el Chocó, explica que el primer eslabón de esta cadena son los hoteles, negocios 100 % locales con cerca de tres décadas de trayectoria. 

En una temporada normal, cada uno contrata entre dos y tres personas para las labores de cocina y aseo. Durante los recorridos completos, sin embargo, esa cifra puede llegar a ocho empleados, porque buena parte de las comidas no se prepara en el hotel, sino en las cocinas de tres familias del pueblo.

Cada una está a cargo de una anfitriona local, lo que permite que el gasto de los viajeros se distribuya entre más hogares y pequeños negocios de la comunidad. 

La cadena sigue río adentro. Las actividades de navegación sostienen a un equipo de alrededor de ocho guías locales dedicados a la preservación del cauce, además de un capitán y sus dos ayudantes, encargados de trasladar a los visitantes y de canalizar un aporte directo hacia la comunidad que vive de ese tramo del río.  

¿Por qué cada reserva pesa tanto?

Los hoteles del Eje Cafetero y el Valle del Cauca registraron caídas de ingresos de entre el 85 y el 90 por ciento tras el sismo, y solo en Pereira más de 4.000 establecimientos de comercio y 15.687 trabajadores quedaron afectados, con el 90 por ciento de los hoteles cerrados por daños. 

Detrás de esas cifras hay vendedores, guías de turísticos, pequeños productores de café, artesanos y  transportadores rurales quienes primero sienten la ausencia del visitante, porque su ingreso depende de la llegada diaria de turistas.

Ese es el argumento de fondo del turismo solidario que propone sostener una cadena productiva que ya demostró su capacidad de generar empleo e ingresos antes de la tragedia. 

Durante Semana Santa de 2025, el 92,9 % de los visitantes que llegaron a Quindío eran nacionales, con el Valle del Cauca (30,3 %) y Risaralda (23,5 %) como principales orígenes, y una ocupación hotelera del 53 %.


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Alianzas estratégicas y cofinanciación

En Valle del Cauca, la gobernadora Dilian Francisca Toro cerró una alianza con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo para poner en marcha un paquete conjunto de recursos económicos.

 El dinero tiene dos destinos precisos: reparar la infraestructura turística dañada y darle oxígeno financiero directo a micronegocios, pequeños productores y comerciantes locales, el segmento que menos capacidad tiene de absorber semanas sin ingresos.

 A esa alianza se sumaron Fenalco y el Instituto para la Calidad Turística de España, encargados de aportar asistencia técnica en sostenibilidad, un componente que apunta a que la reconstrucción no solo sea rápida sino duradera.

En Quindío y Risaralda, el trabajo se está haciendo en conjunto con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). 

Su función es doble: evaluar con precisión técnica la magnitud de los daños y, a partir de ese diagnóstico, ejecutar planes de mitigación urbana y rural que permitan reabrir cuanto antes los corredores comerciales de los que dependen cientos de negocios pequeños en zonas rurales y cascos urbanos.

Campañas de promoción local

Manizales optó por una estrategia distinta pero complementaria. La Alcaldía diseñó una campaña de marketing digital pensada para redes sociales, con el objetivo de recuperar visitantes mientras trabaja de la mano del sector hotelero en un mensaje puntual: los íconos y servicios principales de la ciudad están en pie y operando con normalidad.

Es una respuesta directa a uno de los efectos más silenciosos del terremoto, la percepción de que todo un territorio quedó inhabilitado cuando, en realidad, buena parte de su oferta turística sigue en funcionamiento.

En Salento, el enfoque fue más operativo. Las autoridades locales adelantan un censo riguroso de edificaciones y mantienen centros de acopio activos en la plaza principal, al tiempo que insisten en un mensaje concreto para los viajeros: pese a los daños puntuales registrados en algunas viviendas, el comercio y los restaurantes del municipio siguen atendiendo con normalidad.

Por: Camila Ava Rivera, periodista digital RTVC Noticias


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