Por qué el terremoto de Panamá no dejó muertos ni causó los estragos que provocó en Venezuela

La profundidad del sismo, el tipo de suelo, las normas de construcción y la preparación ciudadana explican la diferencia con el devastador terremoto que golpeó a Venezuela.
Por qué el terremoto de Panamá no dejó muertos ni causó los estragos que provocó en Venezuela

El terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Panamá puso en perspectiva las diferencias entre dos episodios sísmicos de magnitud similar, pero con consecuencias muy distintas. Mientras el movimiento telúrico en territorio panameño dejó 27 heridos y ningún fallecido, según el balance oficial, los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon Venezuela en agosto pasado causaron más de 6.500 muertes.

Según expertos, la diferencia en el impacto se explica por una combinación de factores, entre ellos la ubicación y la profundidad del epicentro, las características geológicas del terreno, la densidad de población, la resistencia de las edificaciones y la capacidad de respuesta ante emergencias. Estos elementos influyen tanto en la intensidad con la que se percibe el movimiento como en el nivel de exposición de las personas y la vulnerabilidad de las construcciones.

De acuerdo con el reporte oficial panameño del sábado al mediodía, el terremoto dejó 426 estructuras dañadas, además de afectaciones en carreteras, puentes y acueductos rurales. 

En La Guaira, Venezuela, donde se localizaron los epicentros de los dos sismos de agosto, el impacto sobre la infraestructura fue considerablemente mayor: más de 20.000 viviendas resultaron afectadas, 190 edificios colapsaron y más de 850 edificaciones sufrieron daños graves.

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La ubicación del epicentro, un factor determinante

El terremoto panameño tuvo su epicentro en la provicinia de La Herrera, cerca a la comunidad de Pitaloza Arriba, a unos 150 kilómetros al sur de la ciudad de Panamá. La zona se caracteriza por su población dispersa y su perfil predominantemente rural, con aproximadamente 24 habitantes por kilómetro cuadrado.

Esta distribución demográfica redujo la exposición de la población a grandes concentraciones de edificios. Además, predominan las viviendas bajas y unifamiliares, cuya respuesta ante un sismo puede ser distinta de la de las torres de gran altura.

"La infraestructura no es alta, son viviendas bajas unifamiliares. Por eso no vimos las imágenes de terremotos de otros países", explicó Elías Solís, presidente de Cruz Roja Panamá, en declaraciones citadas por el diario Clarín de Argentina.

El escenario fue muy diferente en La Guaira, Venezuela. Allí, la población se concentra en una franja costera con unos 250 habitantes por kilómetro cuadrado, edificios de hasta 20 pisos e infraestructura ubicada cerca de laderas montañosas. Esa combinación incrementa la cantidad de personas y construcciones expuestas a los efectos de un terremoto.

Cómo influyen el suelo y la profundidad del sismo

La profundidad del movimiento y las características geológicas también ayudan a explicar la diferencia entre ambos episodios. El terremoto de Panamá se produjo a 12,6 kilómetros de profundidad, mientras que los sismos de La Guaira tuvieron una profundidad aproximada de 10 kilómetros.

Aunque la diferencia es relativamente pequeña, la profundidad no es el único factor relevante. La manera en que las ondas sísmicas atraviesan el subsuelo puede modificar su intensidad y el tipo de movimiento que reciben las edificaciones.

La Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) ha señalado que tanto el terreno como las propiedades estructurales de los edificios influyen en los daños que puede provocar un terremoto.

En Los Santos, la presencia de materiales rocosos contribuye a limitar la amplificación del movimiento en comparación con determinados suelos blandos. En zonas con depósitos sedimentarios y arcillosos, como los que existen en sectores de La Guaira, las ondas sísmicas pueden amplificarse y prolongar la sacudida.

De acuerdo con estudios de ingeniería estructural y sísmica, los edificios más altos de Panamá están cimentados sobre roca, una condición geológica que reduce la amplificación de las ondas sísmicas y contribuye a disminuir el riesgo de daños estructurales.

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La evacuación y la preparación ciudadana

El horario del terremoto fue otro elemento favorable. El movimiento ocurrió un viernes a las 12.56, cuando una parte importante de la población de la capital se encontraba en sus lugares de trabajo, incluidos edificios preparados para responder a movimientos sísmicos.

La evacuación fue rápida y las autoridades destacaron los avances del país en materia de prevención y respuesta ante emergencias.

"En el país es creciente la preparación y la respuesta a la gestión de riesgo de sismos", señaló Elías Solís, presidente de Cruz Roja Panamá.

Panamá cuenta con una jornada nacional dedicada a los simulacros de evacuación. El tercer Simulacro Nacional de Evacuación estaba previsto para el lunes siguiente al terremoto.

Pese al balance favorable en vidas humanas, el terremoto tuvo un impacto psicológico considerable. Solís explicó que algunos residentes de la capital optaron por pasar la noche en parques en lugar de regresar a sus apartamentos.


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