El Instituto de Pensamiento Progresista desmiente el mito del "voto fusil" promovido por la ultraderecha

Un análisis técnico del Instituto de Pensamiento Progresista (IPP) desmintió la existencia del "voto fusil" en la reciente segunda vuelta presidencial, demostrando que la victoria de Iván Cepeda en zonas de conflicto obedeció a la pobreza y exclusión histórica de los territorios
El Instituto de Pensamiento Progresista desmiente el mito del "voto fusil" promovido por la ultraderecha

Un estudio técnico del Instituto de Pensamiento Progresista (IPP) desmiente el "voto fusil" y revela que la presencia de grupos armados no obligó a la gente a votar por el candidato presidencial Iván Cepeda. El mapa electoral coincide con las zonas de mayor pobreza histórica, no con el uso de la fuerza para obligar a votar a los ciudadanos.

Asimismo, demostró que la presencia de bandas criminales no influyó en el comportamiento de los votantes, debilitando las acusaciones que buscaban desconocer el resultado en las zonas de conflicto.
 

El "Voto fusil", una estrategia de la derecha para desconocer los resultados electorales

Tras el apretado resultado de la segunda vuelta presidencial, líderes de la derecha alegaron que presuntamente el fuerte aumento de votos en departamentos históricamente golpeados por el conflicto, como Chocó, Putumayo y Nariño, no era orgánico, sino el resultado de la presión de grupos armados ilegales para favorecer al progresismo. Lo llamaron el "voto fusil".
 

Sin embargo, los datos duros acaban de propinarle un golpe de realidad a esa teoría.

El Instituto de Pensamiento Progresista (IPP) realizó una radiografía técnica en 1.102 municipios del país para saber si la presencia de los Grupos Armados Organizados (GAO) realmente alteró el comportamiento de los votantes. La conclusión es clara y contundente: no existe evidencia que respalde esa acusación. El "voto fusil" es un mito político.

La confusión entre geografía y realidad

¿Por qué se creó este mito? El informe del IPP explica que la derecha cayó en una trampa básica: confundir el lugar donde viven los grupos armados con la razón por la que la gente vota.

Es cierto que las bandas criminales operan en regiones como el Pacífico, el Caribe y los Llanos Orientales. Pero esas mismas regiones comparten otra realidad: son territorios que llevan décadas en el olvido estatal, con altos índices de pobreza y exclusión.

Al pasar los resultados por la lupa de la estadística —analizando variables como el estrato socioeconómico, la inversión pública, el tamaño de la población y las tasas de homicidios de 2025— el estudio demostró que la presencia de las armas no predice el voto por el proyecto de Iván Cepeda.

La gente votó por afinidad política y por una necesidad histórica de cambio, no porque tuvieran un fusil en la espalda.


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Un empate que tumba el argumento

El dato que termina de desmantelar la teoría del voto fusil es el comportamiento de los municipios con presencia ilegal durante la segunda vuelta. Si los grupos armados hubieran obligado a la gente a votar en una sola dirección, los resultados habrían sido unánimes

Pero las cifras muestran un escenario prácticamente empatado:

  • 308 municipios con presencia de grupos armados votaron mayoritariamente por Iván Cepeda.

  • 299 municipios con esa misma presencia armada votaron por Abelardo de la Espriella.

Una diferencia de apenas 9 municipios demuestra que las armas no inclinaron la balanza de manera masiva hacia un solo candidato.

Deslegitimar al votante de la periferia

Para el Instituto de Pensamiento Progresista, insistir en la teoría del "voto fusil" es una estrategia peligrosa que busca quitarle validez al voto de las comunidades más vulnerables del país.

"No es un hallazgo empírico. Es una narrativa fabricada para deslegitimar el voto de millones de colombianos que viven en territorios históricamente excluidos", advierte el centro de pensamiento.

En definitiva, los datos demuestran que los habitantes de las zonas rurales y afectadas por la violencia ejercieron su derecho con base en su propia realidad social y política, sepultando las acusaciones de fraude que empañaron el cierre de la jornada electoral.


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